Conversaciones con Bingo La línea delgada:

Conversaciones con Bingo La línea delgada:

Llevo unos días sin ganas, Bingo. Me entran deseos de apagar el móvil, de olvidarme de las redes sociales, de las noticias, sean verdaderas o falsas.
Da igual amanecer a las cinco de la mañana que a las seis. O peor aún, cuando a las siete y ocho minutos comienza a clarear y seguimos viendo cielos rojos o grises, como mañanas otoñales de niebla. ¿Sabes la diferencia, Bingo? Estos amaneceres del verano no me dejan respirar, la cabeza me estalla. Puedo andar, puedo pasear, pero me cuesta aceptar que el aire que entra en los pulmones queme y envenene.
¿Qué será de mis gentes de allende la Raya, que una vez más ven cómo los sueños de bodas y de vejez asegurados por esos pinares se evaporan junto con sus moredias? ¿Y de quienes miran desde el este hacia las vistas del Pinajarro, de Hervás o de los pueblos que salpican esas sierras que separan los dos valles, la Vera y el Jerte, con el puerto de Honduras probando la fuerza de los ciclistas?
Extremadura se muere, Bingo. Se nos muere la tierra. Algún malnacido le prende fuego.
¡Ay, Sierra de Estrella madre, de Malcata y de Gardunha! Mi Beira Baixa se quema desde Guarda hasta Castelo, y los viejos lloran sobre sus casas calcinadas, sobre sus animales y sus cerezos muertos.
Hay una delgada línea que separa las dos Españas. Una línea que atraviesa la península y que coincide con las tierras vaciadas.
Bingo, estoy cansado de políticos ineptos. Yo viví un tiempo en el que, a pesar de las diferencias, todos remábamos en la misma dirección. Hoy no. Hoy encienden los ventiladores para que todo arda más.
¿Notas mi tristeza, Bingo? Lo siento. ¿Qué hicimos mal? ¿Cómo pudo cambiar tanto el arte de la política? Te doy mi respuesta: el día que se convirtió en una profesión bien remunerada, donde la oposición era ser amigo del jefe y esperar que te colocaran en una lista, ese día murió la política que defendía al pueblo… y nació la que solo defiende el sillón.
El paseo de hoy termina con una imagen que me hiere: un macho cabrío, aún joven, con una pata rota que cuelga en putrefacción. Busca un lugar para morir. Otro lo sustituirá en el rebaño y su ausencia pasará inadvertida.
También nosotros, Bingo, vivimos en esa delgada línea: la de los pobres de España, en Galicia, Castilla y León, Extremadura y el oeste de Andalucía; y en Portugal, en Tras-os-Montes, Beira Interior, Beira Baixa y parte del Alentejo. Alguien decidió que estas tierras no deben estar pobladas, que deben vaciarse. Y los intereses siempre encuentran cómplices dispuestos a quemarlas.
¿Lo entiendes, Bingo? Esa línea ya se dibuja en mi mapa. Y ya me duele Extremadura, Bingo… ya me está doliendo el alma.

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Author: Redacción