El zorro de la dehesa

El zorro de la dehesa

Hoy volvió a esperarme al lado del camino el zooro de la dehesa. No se inmutó ni se preocupó por mi presencia. Comenzaba el calor, y él aprovechaba la sombra de una encina lindera con el sendero.

Ya te dije que mi amigo, el Principito, me advirtió que no te domesticara, a pesar de tu petición constante. No quería que sufrieras el día que yo me marchara. Sabes, es propio de la naturaleza humana marcharse antes.

Pero hoy me quedé preocupado: te vi enfermo. Tu pelo ya no brillaba, y tu cola —antes tan poblada, como pincel de pintor flamenco— estaba reducida a una mínima impresión de lo que fue. No sé si te alejaste para evitar que contemplara el espectro de lo que solías ser.

Bingo, la perra border collie, tan aficionada a perseguir vacas pero que luego se refugia entre mis piernas cuando una madre muge defendiendo a su ternero, te ofreció una de sus golosinas… y ni siquiera te ladró.

Me voy triste. Mi rosa ha perdido sus pétalos, los corderos no pueden entrar en la dehesa, y por tanto no puedo guardarlos en mi caja. Y tú, mi renard, mi zorro… no creo que resistas mucho más, aunque yo haya querido domesticarte para hacerte mi amigo.

El farolero cada día tarda más en encender sus faroles: nos acercamos al equinoccio.

¡Ah! El rey, aquel que tenía por único súbdito a un ratón, acabó huyendo y marchándose a otro asteroide. Descubrieron que solo había aprendido a contar para él.

Hoy vi que aún queda algo de nieve en lo alto de la Sierra de la Estrella, y las cerezas ya tiñen de color las verdes hojas de los cerezos en la sierra hermana, Málcata. Al pasar por Donas, me acordé de un amigo que ahora anda predicando —con poco éxito— por tierras de Norteamérica.

Se me hace tarde. Me vuelvo, siguiendo el viejo camino que, desde Igitania, llevaba a Cauria.

Dentro de un mes estaremos haciendo homenaje a los minotauros y ayer habría cumplido años mi madre, pasa el tiempo, pero sigo sintiéndo su presencia en muchos momentos.

Felicidades donde estas que seguro estarás haciendo buenas obras y leyendo tu rosario. El zorro de la dehesa

José María Rodríguez Santa

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Author: Redacción