Conversaciones con Bingo. Lecciones entre juncos en la laguna:
Hoy, Bingo, al llegar a la laguna donde las vacas y los terneros buscan el frescor de la hierba que va quedando al descubierto y huele intensamente a poleo —ese que pisan o comen sin miramientos—, te has llevado un buen susto.
Entre los juncos, una pata y sus cinco patitos han salido huyendo.
La madre, en su instinto de protección, ha medio volado sobre el agua de la laguna, llamando nuestra atención, mientras los patitos nadaban hechos una piña hacia el centro de la charca. Todos juntos, como si quisieran engañar al gavilán que merodeaba desde el aire para hacerle creer que la pieza era mayor que un polluelo solitario.
Bingo, cada día la naturaleza nos da lecciones, aunque muchas veces no sepamos entenderlas.
Después, han buscado refugio y se han camuflado tan bien que nos ha sido imposible volver a verlos.
Las vacas hacen sonar sus campanillos, esos badajos de dura madera de encina que golpean la chapa al compás de sus pasos. Seguro que hablan entre ellas del tiempo que se avecina, o quizá llaman a los becerros, que —como siempre— se alejan de las madres jugando entre ellos a ser novillos.
En estas horas tempranas, el aire que se mueve suaviza la temperatura. Tú y yo, sentados. En mi caso, sobre una piedra gastada por el agua y el viento, que con los años le han quitado las puntas y la han vuelto cómoda. Ideal por si un día decidimos traer las cañas y ver si engañamos a alguna carpa o alguna tenca, de las que abundan aquí.
Mientras tanto, las vacas, que no nos prestan atención, se meten en la laguna. Sin bikini.

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Author: Redacción
