Conversaciones con Bingo «Las estrellas fugaces y los templarios»

Conversaciones con Bingo «Las estrellas fugaces y los templarios»

Hoy creí que la mañana estaría más fresca, ja ja, Bingo. Esta noche en Coria no se movió una hoja, ni una gota de viento que pudiera suavizar el ambiente tropical. Seguramente nuestros amigos de Senegal están más acostumbrados a noches como esta.
Deseé con fuerza que llegaran las seis para tomar mi café reconfortante y unas pequeñas tostadas de pan de pueblo con aceite de oliva virgen. No es algo que haga todos los días, pero hoy me apetecía… y pa’lante.
Hoy ya no tenía curso, así que podía quedarme un rato más contigo. Estos últimos días estuve asistiendo a un curso sobre “Los Templarios y las cruzadas: historia y literatura medieval”. Sabes, había muchos filólogos —esos que se dedican a puntuar, analizar, acentuar y a escribir sobre lo que otros escribieron, haciendo críticas y llenando folios de eruditos análisis morfológicos—.
Les hablé de los Templarios en la Raya del Reino de León, y de los Caballeros de Cristo en Portugal, de Tomar, de la Girola, copia de la capilla del Templo de Jerusalén… y de los descubrimientos y viajes por el mundo de los marineros portugueses y españoles cuando Don Enrique el Navegante fue nombrado Gran Maestre de la Orden.
Sabes, Bingo, podría haber hablado horas de este tema que, como cuando hablo de Coria, me emociona.
En estos sitios, Bingo, se oye o se te oye con mucha atención, pero estoy seguro de que se escucha poco. Y sobre todo cuando no hablas de novelas de caballerías, de juglares o de viajes fantásticos. Entonces recordé las palabras del Principito:
> “Dejé mi carrera de pintor cuando tenía seis años. Las personas mayores no entienden más que lo que les interesa. Así que estudié geografía y hablé de corbatas, poder, cricket… y entonces me escucharon con atención.”
Muchas veces pienso que muchos genios y grandes en un área, cuando no «les bailas el agua», se sienten ofendidos en un conocimiento que sin duda tienen… pero que no saben transmitir.
De todas formas, Bingo, tengo que agradecer la oportunidad que me dieron. Casi seguro que no me la volverán a dar, pero lo cierto es que me siento mejor entre los míos. Disfruté más en las charlas que di a los amigos de la UMEX. Además, son súper agradecidos. Con ellos, las veces que haga falta.
Esta mañana, en Los Chozos, Las Flores de la Dehesa —nuestra casa, bueno, ya de María— se está muy bien. Corre el aire que desde las lagunas y desde el pantano próximo de Borbollón atenúa el calor. Cuando llegué, las estrellas aún lucían, como en estas noches de estío donde la luna escondida permite ver la Vía Láctea, la Vía de la leche, donde la Tierra ocupa una esquina.
En una noche de verano como estas, se ven algunas estrellas fugaces cruzar el cielo infinito. Sabes, les he pedido un deseo. Bueno, uno a cada una de las que he visto. También he pedido por ti, aunque tú te conformes con un cuerno o un hueso de una vieja cabra muerta.
No tienes nada que decirme hoy… te veo rara. ¿Estás enfadada con el mundo?
Sabes, si te digo algo inconveniente, añade, por favor: “Es porque me interesas y te quiero, y quiero lo mejor para ti.”
Mañana hablamos de la saca y los sacadores de corcho, que andan estos días por la dehesa.

 

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Author: Redacción