Conversaciones con Bingo La emoción favorita y la perra llamada Duda:

Conversaciones con Bingo La emoción favorita y la perra llamada Duda:

Conversaciones con Bingo La emoción favorita y la perra llamada Duda:

No hay peor ciego que el que se niega a ver, ni mayor necio que el que cree ser el centro del universo. Cada día me cuesta más comprender a los seres humanos. Sabes, Bingo, los sentimientos no son solo privilegio de los humanos, sino de muchos otros seres vivos que nos acompañan en este peregrinar que es la vida.
Como te dije ayer, hoy quería escribir sobre el patrimonio, pero, como siempre, el día a día descompone en muchas ocasiones nuestros planes. Sabes, Bingo, de no tener nada previsto se pasa sin querer a no tener tiempo para hacer todo lo que te proponen.
Hoy Sergio me ha preguntado cuál era mi emoción favorita. Le he contestado que me gustaría que fuera la alegría, pero es tan difícil… En un mundo donde se matan hombres sin sentido, donde dictadores revestidos de demócratas dejan morir de hambre a los niños, donde quienes gritan contra los toros y se visten de seudoecologistas no levantan la voz contra esta barbarie… solo me gustaría que estallara una bomba atómica de bondad y que su radiación nos afectara a todos.
Esta sociedad me genera muchas dudas. “Duda” fue, precisamente, una perra husky que vivió conmigo mucho tiempo en Portugal. Era mi compañía. La llamé Duda —ou dúvida, que es lo mismo en portugués— porque cuando Zé Carlos, mi compadre, me la regaló, no sabía ni de qué raza sería, ni cuál sería su color, ni siquiera si era macho o hembra. Todo hasta que, en una estación de tren, alguien desconocido que venía de Lisboa me entregó el regalo dentro de una caja de zapatos. Bingo, Duda murió conmigo de vieja… y la quise tanto.
Hoy volvió a acompañarnos el maestro Manuel. El camino hasta la laguna de la entrada fue una preciosa conferencia. Primero se quedó mirando unos toros que, junto a la laguna, tomaban el fresco. Preciosa estampa: un jabonero y, a su lado, un impresionante burraco. Pero de eso sabe más él que nosotros.
Luego, lentamente —porque cuando sales de casa te entretienes con los langostos y las moscas, y hasta la nada es para jugar—, mientras él nos hablaba de pájaros, de sus colores, costumbres, alimentación, cantos y trinos, nosotros, Bingo, nos sorprendíamos con tanta sapiencia.
Hoy tocaba saneamiento, y se escuchaban las vacas y los terneros, el polvo que levantaban en los corrales, y las dificultades para hacerlos pasar por las mangas. Aún duraba el ordeño de las cabras, y al soltarlas, las imágenes del rebaño eran, cuando menos, curiosas. “Mira qué inteligentes son las cabras, que le beben el agua a las vacas”.
Después, ya en la laguna, mientras yo atendía llamadas y wasaps —que no faltan—, Manolo cogió tu correa para dar la vuelta a la charca. Pero tú, Bingo, te negaste a moverte de mi lado. Entonces te di una golosina que él te ofreció… y comenzaste a caminar a su lado.
—¿Ves, José María? Todos se venden, todos tienen su precio —dijo sonriendo.
Y entonces Manolo se mimetizó con el agua de la laguna y los chopos de hojas verdes, como la camisa que vestía.
Cinco gigantes a la vuelta del agua de la laguna, que un día más se resiente. El aire fresco de la maravillosa dehesa acompañó nuestra vuelta. Se hizo corto el camino.
Cuando llegábamos a tu casa, Bingo, seguían construyendo el Tetris los de Casas de Don Antonio, y el oído comenzó a jugarle una mala pasada.
Vamos, amigo… y mañana, ya si eso, volvemos al paseo y a recoger los abrigos que el camión dejó caer al suelo.

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Author: Redacción