Conversaciones con Bingo El trabajo de las hormigas

Conversaciones con Bingo El trabajo de las hormigas

Hoy parece que el calor nos da un respiro; el fresco se deja notar, y hasta se agradece ponerse un poco al sol.
Nos hemos sentado en un lagar que alguien talló en unas pizarras que forman un montículo junto al camino.
Sabes, Bingo, hay días en que, cavilando en silencio, se me pasa el paseo. Y como me escuchas los pensamientos, no hace falta pronunciar palabra.
Mirando al suelo, se ven las hormigas corriendo, cargadas con minúsculas semillas, hasta la puerta de su hormiguero. Allí, como si hubiese un semáforo o un guardia de tráfico, se respetan las prioridades de paso.
Tantos paseos realizan, para poder garantizarse la comida durante el invierno, que acaban creando auténticas autopistas, que se cruzan o transcurren paralelas.
Si no fuera porque no tienen alas, serían como el humo de vapor de agua que dejan los reactores cuando vuelan.
Hoy, Bingo, volvieron los buitres a buscar su tributo. Las cabras viejas, como la que vimos buscando el refugio de la ermita, acaban por morir. Ellos aprovechan para alimentarse.
Te has entretenido persiguiendo una mariposa. A pesar de ser pequeña, tenía unos colores anaranjados y unas manchas negras que parecían ojos, y daban la impresión de ser de un animal mayor.
Bingo, en la naturaleza, la naturaleza crea transpantojos: unas veces para defenderse y otras para intimidar.
Existe algo que los científicos llaman el efecto mariposa. Yo siempre lo llamé el equilibrio de la entropía. Te explico: cuando una mariposa aletea en una flor en Asia, una tormenta se origina en Europa o América.
La naturaleza corrige las agresiones que los animales «humanos» le hacemos. La naturaleza aplica el karma. Yo creo que existe, ¿y tú?
Cuando se hace daño a quien no lo merece, antes o después —y sabes que la venganza, que no me gusta, es como el gazpacho o el salmorejo: tiene mejor sabor frío—, lo devuelve acrecentado.
Por ello vamos, como mi amigo Francisco, a intentar hacer el bien, que el mal vendrá solo.
Hablando de mariposas, en estos días voló un pequeño amigo del que no me olvido nunca. Era un amiguito que tenía una enfermedad que se llama «piel de mariposa». Pero, Izan, tendrás una conversación, y te hablaré de él.
Hoy en mi móvil apareció un wasap, y se saltaron mis lágrimas. Sabes, Bingo, no me importa llorar cuando mi corazón lo necesita.
Eran los periódicos portugueses. Sabes que Carlos me los enviaba todos los días. El día del funeral se lo comenté a mi amigo Jorge Neves, un hombre comprometido con su tierra, con los necesitados y con su religión. Le gustan las corbatas, y debe tener un auténtico museo.
> Lembrei-me que me disseste que ele te mandava os jornais portugueses. Em memória do Carlos e da amizade que nos unia (une) aos três, passarei eu a enviar. Abraço com fraternidade e amizade.
“Me acordé de que me dijiste que él te enviaba los periódicos portugueses. En memoria de Carlos y de la amistad que nos unía (une) a los tres, pasaré a enviártelos yo. Un abrazo con fraternidad y amistad.”
Seguramente no se necesitaba traducción, pero una lágrima vino a mis ojos. Gracias.
Sabes, Bingo, cuando tengamos que rendir cuentas de lo que hicimos y fuimos, que nuestra sombra nos acompañe, como hacían los egipcios cuando comparecían en el más allá ante Horus.
Que nuestro corazón sea más ligero que la pluma para pasar a la otra dimensión.
Hasta mañana, Bingo, tenemos mucho de qué conversar.

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Author: Redacción