Conversaciones con Bingo. De oropendolas y el camino por trazar:

Conversaciones con Bingo. De oropendolas y el camino por trazar:

Otra vez suben las temperaturas, quizás aquí en la dehesa, sin periódicos, sin teles ni radios que te despierten con las olas de calor o las danas —o vaya uno a saber qué palabrejas nuevas para nombrar lo que siempre fue—: calor en verano, tormentas de vez en cuando y el pedrisco, que hasta tenía seguro de cosechas cuando, en la paz, se sembraban de trigo y cebada y no de placas solares nuestras tierras. Ahora, además, los políticos vienen con las pilas cargadas y con ganas de bronca.

Bingo, esta sociedad que nos hemos dado ha perdido el norte y la brújula. Menos mal que te tengo a ti, que no pones dos patas, sino cuatro, en el suelo y a la vez.

¡Qué maravilla cuando te desperezas y sacudes la cola, mueves hacia atrás las orejas y me das la pata para que abra la puerta y empiece nuestra romería!

El día de hoy comenzaste ladrando, y no al gallo inglés —que Manolo dice que es americano—, que canta y recanta para llamar la atención de las gallinas y poco más. No tiene carné ni para un guisado de alambre, pero se pavonea y se las da de importante, hasta que aparecen los mastines con las cabras. Hoy estaban los tres y, al principio, ladraste a la mastina blanca, a pesar de que somos amigos… bueno, ahora amigos porque tenemos golosinas para darle.

Te hablaba de brújula y del norte, y esa eres tú. Porque yo, soñador de lunas infinitas, me perdería entre mis propios pensamientos; afortunadamente tus silencios y tus sentimientos me devuelven al lugar y juntos encontramos el camino de tu casa.

Cada día, en cada paseo que no seguimos el camino, vamos de la laguna Tamujosa a la del Majadal, esa que nos enseñó Cristina, campo a través. Si se pudiera diseñar el trazado de nuestra ruta, Bingo, yo creo que cada día sería diferente, porque cada día vemos nuevas encinas y rebollos. Mañana les enseñamos un rebollo que me parece un fantasma de brazos abiertos gritando paz en Gaza.

Hace tiempo me encontré un personaje paseando por la Bella Dama, que resultó ser sefardí. Buscaba los restos de sus antepasados, decía que su familia aún guardaba la llave de una puerta de Coria, donde vivieron sus abuelos. Hoy, con respeto pero con contundencia, le preguntaría: ¿los niños gazatíes podrán guardar la llave de su casa?

Hoy hablamos de contar a nuestros amigos (y amigas, que son muchas las que nos leen). Ellas están contentas de que seas una chica y de que me aportes la prudencia que, por edad, me va faltando, y me convierto a veces en un intransigente.

La primera pregunta que le hicimos a Cris fue: ¿por qué no hay ovejas en la dehesa? Sabes que ella antes cuidaba un rebaño, pero siempre fuera de aquí. Quizás la respuesta sea que las ovejas, y en multitud, están mejor fuera: las blancas se dejan llevar por las blancas, y de las negras, ni se sabe… Mejor que en este nuestro mundo de la dehesa, los que entren sea para salir, y solo los animales con un especial sentido común os quedáis en ella.

Todas las mañanas, un personaje importante en el escenario son los zorros —o las zorras—, que ya se convencieron de que no tenemos interés en domesticarlos. Ya se lo advirtió el Principito y explicó el porqué, y no vamos a insistir.

También forman parte del paisaje el paisanaje: los que ocupan su tiempo en pasear cada mañana. Uno de ellos hace una caminata mayor que la nuestra: bajo, rechoncho, jubilado tras una vida de emigrante en Francia, cerca de Burdeos, tierra de buen vino. Quiere a los animales y, desde el primer día, ni le ladraste. Se para a conversar con nosotros con un precioso acento de Calzadilla y un deje francés. ¡Cómo me gusta ese sonido!

Se preocupó por Sara, la perra de José Luis, otro personaje del que ya hablaremos. Estaba para parir y se echaba en la carretera caliente. El hombre nos dijo: “Puede que esté muerta la perra, no se mueve”. Aceleramos el paso como pudimos —que no es fácil— y, al vernos llegar, se levantó y vino hasta tu casa para compartir un puñado de pienso.

Cuando no lo veamos alguna mañana, será porque, como las oropéndolas que ya se fueron al sur, él recogerá y se marchará al norte. Seguramente tiene allí otra vida interesante que cumplir.

Bueno, Bingo, hoy me tengo que marchar. Quiero despedir a un zarceño-coriano que se fue a correr a caballo tras los toros bravos en la otra dimensión. Allí estará Juan con la pica en la mano y el señor Victorino, hablándole de usted.

Sin duda, el señor Julio fue mucho más que un gran mayoral: fue, sobre todo, una gran persona, a la que recordaré con cariño. Espero que las dehesas de la otra dimensión tengan espacios para él.

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Author: Redacción