El espantapájaros Conversaciones con Bingo

El espantapájaros Conversaciones con Bingo

Hoy parece que tampoco tienes ganas de salir. Notarás que es muy temprano y que la luna, que se va llenando, nos está guardando el sitio.
Las cabras ya han salido y resuenan las esquilas. De vez en cuando, la perra mastina les receta unos ladridos, y todas marchan. Una, haciendo honor al dicho, “hace la cabra” y se pone sobre sus patas traseras. Por su buena altura, ramonea las ramas de las encinas. A pesar de tener mucha hierba en el suelo, disfruta haciendo de cabra: la cabra tira al monte, y así se hacen extraños compañeros… pagados.
Bingo, el dinero de los humanos corrompe hasta los mejores principios. Porque algunos, siguiendo la línea de los hermanos Marx, tienen distintos principios… y los cambian según el valor de la bolsa.
Esto es como los espantapájaros, que se colocan para cuidar las mieses y los frutos… hasta que se hacen amigos de los pájaros, pájaras y pajaritos. Y viene al caso, porque hay una vieja canción que atribuyen a San Antonio de Padua. Para que veas la desgracia del pobre: nació en Portugal, pero lo acabaron colocando en Italia. Debe ser que en aquella época era mejor ser de la tierra de la bota.
Santo milagrero o milagroso, dicen que cobra por los milagros, aunque siempre hay en las iglesias un cepillo que pone: “Pan para los pobres de San Antonio”. Y será verdad, porque a menudo se le representa con un pan en la mano.
Es patrón —y hoy es fiesta— en una de las ciudades más bonitas que conozco: Lisboa. La feria popular se llena de gente y de olores a sardinhas grelhadas, frango assado y farturas recheadas.
Lisboa, antigua y señorial, que canta el fado… cuánto te gustaría pasear por sus avenidas y mojar tus patas en el agua del Mar da Palha.
Hoy estabas juguetona en la laguna, y a punto estuvimos de tener un disgusto: quisiste jugar con un ternero, y a su madre no le hizo ninguna gracia.
Nuestro amigo y editor Antonio —que hoy es su santo— dice que escribamos menos, pero no sé si le vamos a hacer caso.
Por cierto, el patio de los humanos está para que llueva café… o mejor, tila.
Menos mal, Bingo, que tú no votas. Porque habría que botar a más de uno.
Tal como se está poniendo el patio —ese que es particular y que, cuando llueve, se moja como los demás—, hasta ahí podríamos llegar. Como tú y yo, que también nos mojamos.
Bingo, al menos tú y yo no vamos a renunciar a nuestros principios.
Has respondido con un «guau» de aprobación.
Gracias, fiel compañera.

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Author: Redacción